La apertura es ya una declaración de principios: los cuerpos nacen en el escenario mientras símbolos e imágenes se proyectan en la pared como recordatorio de que el lenguaje siempre nos provee traducciones imperfectas de algo ya se vivió. Los movimientos no buscan representar la mutación: la ejecutan; los gritos que llenan el espacio no son emoción amplificada, son el sonido de lo pre-verbal resistiéndose a ser domesticado.
Así es El cuerpo de las mutaciones, una tensión continua, jamás resuelta, que hunde sus raíces en dos tradiciones del cambio. El I-Ching -cosmología china del devenir- y el Butoh -práctica corporal japonesa nacida del trauma de la posguerra- no son fuentes obvias ni naturales entre sí. Que el coreógrafo y director Magy Ganiko las convoque juntas, es una elección dramatúrgica precisa: aquí no hay formas consolidadas, el cuerpo permanece en un umbral entre lo que está dejando de ser y lo que todavía no es.
El Hexagrama 49 en el que se basa la obra, habla de Revolución como necesidad. Porque lo que ha cumplido su tiempo debe mudar de piel para que algo nuevo pueda nacer. Ganiko lo toma al pie de la letra y, al hacerlo, recupera algo que el cuerpo sabe antes que cualquier concepto: que mutar no es perderse, es la única forma de seguir siendo.
El cuerpo de las mutaciones: Magy Ganiko estrena su inmersión en el I-Ching y el Butoh.
La Compañía Magy Ganiko presenta una obra de danza performática donde cada intérprete encarna un hexagrama y el cuerpo se convierte en territorio de transformación eterna
El I-Ching no es decorado. En El cuerpo de las mutaciones, la nueva obra de Magy Ganiko, el libro de las mutaciones chino es el sistema compositivo que organiza toda la pieza: cada uno de los siete intérpretes en escena encarna un hexagrama, y la danza que surge de esa asignación invoca lo que la obra llama el “no-tiempo” y el “no-yo”. Una inmersión en la que el cuerpo no representa —muta.
La propuesta se edifica sobre tres pilares —mutación, tiempo y lenguaje— y se despliega desde el Butoh-Moi: el sistema propio de Ganiko, el MOI (Movimiento Orgánico de Individuación), que sintetiza décadas de investigación psicofísica. Un lenguaje que no nació en un escritorio sino en Yokohama, donde Ganiko residió y trabajó durante ocho años junto al maestro Kazuo Ohno, absorbiendo el Butoh en su fuente original, y que fue madurando en París, en La Boca, en cada obra que la compañía fue depositando desde 2012. La nueva pieza, seleccionada por Prodanza, es quizás la más ambiciosa en términos conceptuales de ese recorrido.
Cada intérprete encarna un hexagrama. La danza de sincronicidad invoca el “no-tiempo” y el “no-yo” en un espectáculo que cuestiona el devenir existencial del cuerpo humano.
La obra llega tras un recorrido que incluye Zona Zero en la Bienal de Performance de la Fundación PROA, Tintorería Tokio, SanSaru —seleccionada por Mecenazgo—, BITNUS, y la conferencia performática Ma, Mu, Ku en el Museo de Arte Oriental (2025). Un corpus que consolida el lenguaje del “minimalismo-barroco”: la estética que une opuestos complementarios donde la profundidad del detalle convive con la pureza de la forma.
AHÍ ESTABA LA DANZA Magy Ganiko estrenó anoche El cuerpo de las mutaciones. Danza Butoh e I Ching. Coreografía y experiencia en sí. Para los siete bailarines (y el bicho mecánico Lex) que ponen el cuerpo dentro del escenario y para los 80 atónitos que nos apretujamos en las gradas. Todos en busca o a la espera de algo que ya estaba, no bien empezamos a dejarnos llevar por letras y símbolos proyectados en las tres paredes negras y por los estertores sonoros que quebraban los estándares armónicos en nuestros oídos internos. Y los actores, apenas con slips y a salir de sus equilibrios habituales y ponerse al traducir las pulsiones emergentes con sus movimientos más primales/primordiales. En ninguno, durante la hora diez que duró la obra, hubo un movimiento habitual de piernas, pies, brazos, manos, torsos, cinturas, cuellos, facialidades… Parecía que sus músculos y articulaciones estuviesen recorriendo todos los verbos e idea-acciones posibles que se les pudieran aplicar: empujar, retorcer, temblar, comprimir, estirar, desequilibrar, revertir, desconectar, inesperar, y un etc interminable de nunca repetir el mismo gesto… y así liberar otras vidas, otras sensibilidades, otros personajes, otras animalidades en ellos. Arrastrarse, saltar, descuajeringar, revolear, desincronizarse… Y así. En el tercer cuadro, cuando parecía que ya nada más podía agregarse al dúo de insectos que se orbitan, olfatean, seducen/repelen, exaltan hasta fundirse e inseminarse, la compañía fue más lejos. Siguió ofreciendo contorsiones y desplazamientos que, sin texto, acompañaron distintos momentos/procesos de una progresión. Hasta mutar o morir.
Entre los siete gusanos que había bajo caparazones de plástico al comienzo y la joi de être grupal de cierre, ninguno de los que estábamos en la sala pudo respirar. Nos estaban contando una historia no de ellos. Propia: del que somos sin atrevernos a ponerle el cuerpo. Ni siquiera bailarlo, como ellos. A la salida le pregunté a Magy si ese sinfín de movimientos y gestos era la interpretación de una coreografía o creación ipsopucho de cada uno. Con una sonrisa de niño superado por su obra me respondió fifty fifty. Al volver, Pablo, un alumno de Magy, me contó cómo trabajaba en algunas de sus clases: les leía un texto detonador, Deleuze, Quignard, o de algún poeta japonés, les pedía que escribieran sobre sus antinomias y después, al leer sus escritos, que extrayeran todos los verbos y les dieran vida con el cuerpo. Más que un método, una detonación. De las palabras y gritos sobrantes extrajo las bases para la música. Y a la banda sonora le dio el mismo tratamiento que a los siete intérpretes: la exprimó hasta sacarle la última resonancia emocional. Si esta obra se hubiera puesto en cualquier sucucho de Berlín, NY o París, estaría cabalgando vanguardia como lo hicieron a su hora Pina Bauch, Grotowski o Lindsay Kemp. Estamos en Argentina, los seis meses de trabajo previo se hicieron a puro pulmón. Quizás eso, y por la idiosincrasia que tiene Magy para entrar en las zonas oscuras de las memorias existenciales/musculares, la puesta logra tanto devenir poético. Tanta sintonía con la desnudez cuerpo adentro. JUAN CARLOS KREIMER, 8 de mayo 2026.
Funciones viernes de mayo a las 22h. En Aérea Teatro, Bmé Mitre 4272, CABA
Entrenamiento presencial – Sábados de 13.30 a 15.30hs en Sala Mediterránea (Tucumán 3378, Abasto, CABA.)
Clínica de obra – virtual – día y hora a convenir, cupo limitado
Somos una fragmentación, multitud en un solo cuerpo. Construir una subjetividad más esquizo, fluida, de resonancias, de vecindad, de distancias y encuentros. Dejarse danzar por otras intensidades. Entrar y salir de territorios pulsionales. La incidencia de las pulsiones en el cuerpo a través del movimiento, la palabra, la voz, y la escritura. “MOI” significa Movimiento Origen e Individuación, y en el idioma de Okinawa (Japón), “moi” significa baile. En esta propuesta, la exploración MOI aborda las fronteras del cuerpo, de la palabra, de la voz: aquello que ya no puede ser contenido, porque como dice el escritor francés Pascal Quignard “toda obra es descontinente”
“El Cuerpo de las Mutaciones”, dirigida por el coreógrafo Magy Ganiko, es una inmersión en la danza Butoh-Moi. Basada en el I-Ching, el espectáculo se edifica sobre tres pilares: la mutación, el tiempo y el lenguaje, cuestionando el devenir existencial del cuerpo humano. A través de una danza de sincronicidad, cada intérprete encarna un hexagrama, invocando el “no-tiempo” y el “no-yo” en un caldero donde bulle la danza eterna de la transformación.
Ficha técnica Intérpretes: Ariel Canosa, Germán David Rizo, Vladimir Hansen Ejarque, Lucas Maiz, Victoria Morante, Sabrina Sanchez, Abraham Zamudio Diseño de vestuario: Maira Cristaldo Diseño de objetos: Maira Cristaldo Diseño sonoro: Magy Ganiko, Juan Sebastián Rizo Redes Sociales: Ankoku Hikari Edición de video: Daniel Atta Música original: Magy Ganiko, Juan Sebastián Rizo Diseño De Iluminación: Giorgio Zamboni Fotografía: Carlos Foglia Asistencia general: Sabrina Sanchez Asistencia técnica: Giuliana Agrippino Bordino Prensa: Daniel Franco Grafica: Ankoku Hikari Coreografía: Magy Ganiko Dirección general: Magy Ganiko Duración: 80 minutos
en AÉREA TEATRO Bartolomé Mitre 4272 (mapa) Almagro – CABA – Argentina Reservas: 54 9 11 4983-6980
Viernes – 22:00 hs – Del 08/05/2026 al 29/05/2026
Espectáculo producido con un subsidio PRODANZA Instituto para el fomento de la actividad de la Danza no Oficial del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
“Vaporosa”. Una obra de NACE, Núcleo de Arte Contemporáneo y Experimentación, estrenada en la AJA Asociación Japonesa en la Argentina en noviembre 2025.
Esta propuesta se distingue por su carácter multidisciplinario, integrando la danza Butoh Moi, artes visuales, composiciones musicales electroacústicas y la exploración escrita.
VaPorosa Tintorería, calor, plancha a vapor, vapor humeado alrededor del cuerpo. Vaporosa trata de todas las porosidades de aquellas fronteras, intersticios invisibles, entre materia y espíritu, entre el cuerpo y el alma, la cordura y la locura, la vida y la muerte.
Umbreros es una procesión ritual que acompaña a los espíritus hacia la otra orilla de la vida. Umbreros es umbra (sombra) y sombrero. Sombreros-altares.
El trabajo parte de principios estéticos del butoh – MOI, articulados con prácticas chamánicas performativas: lxs performers emulan una danza chamánica de Okinawa que refuerza la cualidad liminal del tránsito entre mundos. Encarnan gestos de acompañamiento, invocación y despedida, que responden a los símbolos totémicos de fauna y flora de cada tocado – sombrero.
Cada totem-sombrero fue elaborado por Maira Cristaldo con técnicas mixtas para representar mensajeros naturales en clave simbólica y visual.
La investigación combina la construcción colaborativa de textos poéticos sensoriales o Kanjis, sesiones de composición corporal guiadas por Magy Ganiko, y ensayos in situ en el recorrido del antiguo hotel de inmigrantes.
Intérpretes: Maira Mariana Cristaldo Abraham Juan Jesús Zamudio Pablo Sakihara Pamela Vanesa Pierlorenzi Patricia Chieme Fernando Martinez Hernández Sanchez Sabrina Paola
Germán David Rizo (sanshin) Juan Sebastián Rizo (flauta)
Carlos Gustavo Foglia (fotografia) Daniel Atta (video)
Obra creada en el marco de la celebración de los 40 años de democracia argentina, con intérpretes del Grupo de Experimentación GEAM de la Universidad Nacional de las Artes.
Funciones 4 y 11 de noviembre en el Museo de la Cárcova, CABA.
«No ver el Mal, no escuchar el Mal y no decir el Mal»
con Matías Ibañez, Lucas Maíz y Antonio Morales
Dramaturgia y Dirección Magy Ganiko
“Sansaru” es una palabra japonesa que literalmente quiere decir “tres monos”. Los tres monos son “Kikasaru” (el que no escucha), “Misaru” (el que no ve) y “Iwasaru” (el que no habla). Tradicionalmente se ha entendido como «No ver el Mal, no escuchar el Mal y no decir el Mal»; el significado del tema de los tres monos es complejo y diverso, para el pueblo el sentido era «rendirse» al sistema, un código de conducta que recomendaba la prudencia de no ver ni oír la injusticia, ni expresar la propia insatisfacción, sentido que perdura en la actualidad. Sansaru es una obra contemporánea que entrecruza el lenguaje de la danza, el teatro, la poesía y el clown. El espacio en donde se sitúa el espectáculo es en el territorio ribereño del Riachuelo en la ciudad de Buenos Aires. Tres textos poéticos acompañan las payasadas de estos tres monos, que en escena se enfrentan a sus propios espejos-primates: creyéndose humanos actúan como monos, creyéndose monos finalmente parecen humanos. La metamorfosis corporal no indica ya al hombre erecto como el punto máximo en la escala evolutiva. ¿Qué significa evolución? ¿Qué significa el ser animal? ¿Acaso es negativa la parte animal del hombre? O, justamente, ¿es por habernos alejado de nuestros ancestros que seguimos destruyendo nuestro propio hábitat? El ser humano se convierte en el animal más depredador del planeta: no escucha, no ve, y se queda mudo ante su propio canibalismo, devorando insaciablemente todos los recursos del planeta. SanSaru replantea la condición humana y animal, y se interroga sobre el significado de la evolución, que ubica a la raza humana en una esfera superior al resto de las especies. Solamente nuestra evolución espiritual, podrá determinar si merecemos habitar la Tierra, este espacio sagrado y templo del mundo por excelencia. En el actual contexto de pandemia del Covid-19, nuestro hábitat está, de manera global, expresando una crisis que SanSaru invita a pensar desde la perspectiva del humor, no sólo desde la temática sino también desde la puesta escena que incorpora al público en la propuesta a partir del distanciamiento social y respetando los protocolos y aforo.
Intérpretes: Matías Ibañez, Lucas Maiz, Antonio Morales
Textos: Magy Ganiko
Vestuario y maquillaje: Silvia Zavaglia
Instalación escenográfica: Magy Ganiko
Iluminación: Giorgio Zamboni
Composición de música electroacústica: Germán David Rizo
Prensa: Daniel Franco
Fotografía: Mariano Militello
Filmación: Sebastián Reusmann y Diego Giancontiero
Asistencia de dirección: Noelia Gómez
Producción: Cia Magy GanikoDirección y coreografía: Magy Ganiko
PRENSA
_”No ver, no escucha ni decir el mal” La pieza nos hace atravesar situaciones radicalmente diversas: la música compuesta e interpretada en vivo por Germán David Rizo y las voces en directo nos proponen un viaje inicial que pareciera adentrarnos en una selva misteriosa con notas del riachuelo. La danza es por momentos robótica, en ocasiones sinuosa, siempre dejando ver que hay algo más profundo que la sostiene y dando espacio a situaciones individuales así como a las más bellas imágenes a través de un cuerpo compuesto por tres. Y en sintonía con esa variedad de climas se presentan giros inesperados que, como espectadores, nos devuelven al presente y nos recuerdan que, aun el cuerpo de la ficción se sostiene sobre una base inevitable de realidad.
_ Nota a Magy Ganiko sobre la obra SanSaru en el programa de radio “La siesta con Paredero” en AM 750. Escuchar nota
_”La danza, el teatro, la poesía y el clown se fusionan en un nuevo espectáculo de Magy Ganiko” entrevista a Magy Ganiko por Mónica López Ocón Leer nota completa
_ “Los tres monos puestos como cruce entre artes” Entrevista a Magy Ganiko en Diario Perfil Leer nota completa
Sansaru es una obra contemporánea que entrecruza el lenguaje de la danza, el teatro, la poesía y el clown. El espacio en donde se sitúa el espectáculo es en el territorio ribereño del Riachuelo en la ciudad de Buenos Aires. Tres textos poéticos acompañan las payasadas de estos tres monos, que en escena se enfrentan a sus propios espejos-primates: creyéndose humanos actúan como monos, creyéndose monos finalmente parecen humanos. La metamorfosis corporal no indica ya al hombre erecto como el punto máximo en la escala evolutiva. ¿Qué significa evolución? ¿Qué significa el ser animal? ¿Acaso es negativa la parte animal del hombre? O, justamente, ¿es por habernos alejado de nuestros ancestros que seguimos destruyendo nuestro propio hábitat? El ser humano se convierte en el animal más depredador del planeta: no escucha, no ve, y se queda mudo ante su propio canibalismo, devorando insaciablemente todos los recursos del planeta. SanSaru replantea la condición humana y animal, y se interroga sobre el significado de la evolución, que ubica a la raza humana en una esfera superior al resto de las especies. Solamente nuestra evolución espiritual, podrá determinar si merecemos habitar la Tierra, este espacio sagrado y templo del mundo por excelencia. En el actual contexto de pandemia del Covid-19, nuestro hábitat está, de manera global, expresando una crisis que SanSaru invita a pensar desde la perspectiva del humor, no sólo desde la temática sino también desde la puesta escena que incorpora al público en la propuesta.
Ficha técnica:
Intérpretes: Matías Ibañez, Lucas Maiz, Antonio Morales
Textos: Magy Ganiko
Vestuario y maquillaje: Silvia Zavaglia
Instalación escenográfica: Magy Ganiko
Iluminación: Giorgio Zamboni
Composición de música electroacústica: Germán David Rizo
Prensa: Daniel Franco
Fotos: Mariano Militello
Video: Diego Giancontieri
Asistencia de dirección: Noelia Gómez
Producción: Cia Magy Ganiko
Dramaturgia y dirección: Magy Ganiko
Estreno: 9 de septiembre 2022, AÉREA Teatro – Bartolomé Mitre 4272, Ciudad de Buenos Aires
Un poema de Ankoku Hikari, interpretado por Soledad Chertin, con dirección coreográfica de Magy Ganiko y la dirección cinematográfica de Claudia Averbuj.
Una producción de la Cia Magy Ganiko, con el apoyo de FNA y Prodanza.
“Espíritus del Riachuelo” – estreno 19.03.2022 en la Usina del Arte Una producción de la Compañía Magy Ganiko
Poemas de Ankoku Hikari, de su libro “Playa hundida”
Intérpretes: Soledad Chertin, Antonio Morales, Hugo Falcón, Salomé Fernández, Noelia Gómez, María Luz Eluen, Florencia Visconti, Simón Rey, Germán Rizo.
Tutú del Riachuelo realizado por Alejandra Fenochio Fotos Mariano Militello / video Luis Hurtado
“La semana pasada fuimos a ver la obra “Tintoreria Tokio” en el espacio Utaki. La obra dirigida por Magy Ganiko. Es un lugar hermoso, la entrada de la casa mira la via donde pasan los trenes de cargo en La Boca. Magy fue discipulo del gran maestro de Botoh, Kazuo Ohno. La obra “Tintoreria Tokio” me llevó a un espacio desconocido pero al mismo tiempo su locura capaz de trascurrir de una tristeza a una alegría, de la violencia al amor, de “sin sentido” a lo inteligible, me deja con la sensación de una familiaridad. Creo que cada uno de nosotros, tenemos algo de locura.
Espero que sea pronto la primera función del año que viene!”por Mami Goda, una espectadora.
“Riachuelo” fue la performance que Magy Ganiko presentó en Ciclo Las Tardes de Butoh en el Larreta en noviembre 2016.
Los intérpretes fueron: Hugo Raúl Gottshclk, Naiké Yael, Martina Petersen, Cecilia Arrascaete, Gabriela Ruiz Gonzalez.
El 14 de mayo hicimos una función de Tintorería Tokio en el Galpón de la Mujer Originaria, en exEsma.
Aquí, una reseña de la obra esa tarde por Dulcinea Segura Rattagan.
“La pieza que dirige Magy Ganiko con su compañía es una propuesta migrante. Siempre en movimiento, se desplaza dejando sus rastros por distintos espacios que la reciben en puntos dispersos de la ciudad.
Esta vez le ha tocado un lugar muy inhóspito. El monumento a la mujer originaria en el espacio de la ex ESMA. Un galpón frío con un trasfondo tétrico donde el grupo intenta da calor con la danza de sus cuerpos.
La gente se va acomodando mientras recorre con la mirada las cosas acumuladas en el lugar. Esculturas, fotografías, hierros, sillas, objetos desparramados. Un camino de llaves ocupa el centro de la escena y es allí donde se concentra la atención.
Utilizando las propiedades espaciales, los intérpretes asoman desde una baranda del piso de arriba y nos gritan su moción. Empieza el recorrido de esta puesta nada convencional donde los cuerpos se entrelazan, amalgaman y distancian. Pedazos de muñecos los entretejen como partes perdidas de ellos mismos.
Hay un montículo de ropa, hace frío, se oyen aviones a lo lejos. Se recrea una atmósfera sórdida que sostiene al espectador casi contra su deseo.
Los intérpretes danzan, hablan, se encuentran y desencuentran. Pisan la tierra alegremente, se mojan, asedian a uno de ellos. En ese devenir se violentan hasta la tortura, que no podría ser más presente en este espacio oscuro plagado de gritos en sus muros. La danza butoh trae las ausencias.
La obra es tremenda en este espacio tan difícil y cruel. Pero lo mejor que se puede hacer frente al odio de estos crímenes es plantar la potencia creadora del arte y de la vida.
Toda la fuerza del amor que anida en una danza compartida cayó sobre ese galpón frívolo esa noche.”
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