Bitnus, arte subyugante – por Gustavo Friedenberg

De uno de los artistas más sugestivos de Buenos Aires, surge una pieza única e imperdible.

Magy Ganiko es un creador tan talentoso como intrigante. Ser hijo de japoneses, nacido y criado en La Boca, casi 20 años vividos entre oriente y Francia, y haber sido discípulo e integrante de la compañía del legendario Kazuo Ohno, fundador de la danza Butoh, seguramente le confieran ese aire de misterio y sabiduría que se transfiere a todas sus producciones.

En el caso de Bitnus, su puesta más reciente, se suma cierto carácter performático que produce la extraña sensación de estar fuera y dentro de forma intermitente, pero que construye, en ese salir y entrar, un mundo de ficción compacto y envolvente. Con pocos pero logrados elementos escenográficos, una sutil banda sonora que juega en directo con las voces del propio Ganiko y de Zahira Osés y un excelente diseño de luces –Giorgio Zamboni hace magia con los escasos recursos de la sala- el artista construye un mundo hipnótico y mutante, transportando al espectador a través de distintas experiencias de ensueño, comparables a la acuosidad del océano, o la densidad confusa de una nube.

Sin embargo, estas sensaciones se ven permanentemente interrumpidas, como quien recibe un llamado justo en lo mejor de un sueño. Y la sutileza onírica se retira para presentar escenas de sensual erotismo, en las que el logrado vestuario y estilismo a cargo de Andrea Mineko juegan un rol fundamental. Carla Pezé Di Carlo es una intérprete magnífica y feroz, que dice y vuelve movimiento los intensos textos del libro homónimo que escribió Luz Pearson, y dio origen a la pieza escénica.

Bitnus es de esas obras de las que no se puede contar mucho, porque parte principal de su riqueza radica en la imagen y la experiencia teatral directa, pero sin dudas es de aquellas producciones que hacen una diferencia entre teatro bien hecho y arte subyugante.

FUENTE: SobreBUE https://www.sobrebue.com/visorNotaHtml.php?idNota=2366